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Calvari

 

 

 

 

 

 CALVARI DE SANTA LLÚCIA

 El Monte de Santa Lucia, además de ser notable por la casa, imagen y el oratorio que han sido objetos de los capítulos V y VI de la presente historia, lo también por un calvario colocado en el camino que conduce a este oratorio desde el pueblo de Mancor. Consiste este calvario en 14 capillitas, distribuidas convenientemente a lo largo del indicado camino y que representan los principales pasajes de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Es debido al fervoroso celo de D. Tomas Carvallo, vicario de Mancor, que promovió su erección, y a la sólida piedad de los señores D. Joaquín Ferragut que destino cuantiosos bienes para obras piadosas, y D. Joaquín Vidal que los administro con reconocido acierto.

El citado Sr. Carvallo, después de haber obtenido del antedicho Sr. Vidal las limosnas convenientes para la erección del precitado calvario, comenzó a practicar las diligencias que para esta erección se hacían indispensables. Para realizarla solicito la anuencia del Ayuntamiento de Selva, porque las capillitas debían colocarse a lo largo de la vía publica, solicito también el permiso del Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de esta Diócesis, que lo era a la sazón D. Miguel Salva y Munar, y finalmente solicito del R.P. Comisario Provincial de San Francisco de Asís la gracia de que designara una persona competente para bendecir las cruces, que debían tener las indicadas capillitas. Todas esa gracias se obtuvieron el año 1863, y enseguida comenzó la construcción del precitado calvario.

Este luego que fue construido se inaugura con una función solemnísima y en extremo conmovedor. El día 9 de Octubre del año 1864 y a las tres de la tarde, llenaba de bote en bote la iglesia de Mancor un gentío casi inmenso, gentío que era constituido por el Sr. Marqués del Pálmer con algunos miembros de su familia, don Lorenzo Moya, Cura-Párroco de Selva, el Ayuntamiento y las personas principales de esta misma villa, todo el pueblo de Mancor y muchos vecinos de Selva, Caimari, Lloseta, Inca y Biniamar. Poco después de la hora iniciada el P. Bartolomé Munar, religioso Observante bendijo con la debida autorización las cruces de las expresadas capillitas, y D. Tomas Carvallo, Vicario de Mancor hizo desde el púlpito una platica preparatoria. Enseguida salió de la iglesia una procesión solemne, organizada de la manera siguiente; Abrían la marcha un sacristán  llevando la santa Cruz  y dos monaguillos con sus correspondientes linternas, seguían luego todos los hombres, y enseguida venían 14 niños llevando las cruces de las 14 capillas, presididos por un sacerdote que llevaba la imagen de Jesús Crucificado, acompañados cada uno por otros dos niños con velas encendidas, y guiados todos por D. Guillermo Descallar, hijo del susodicho Sr. Marques, que llevaba una bandera de damasco encarnada, luego seguían gran numero de niñas vestidas de negro y llevando los emblemas de la Pasión de Jesucristo, guiadas por Dña. Catalina Descallar, hija también del expresado Sr. Marques, que llevaba una bandera de color blanco, y presididas por la imagen de la Santísima Virgen, vestida de terciopelo negro, a la cual acompañaban otras tres niñas vestidas de negro, y que representaban a las tres Marías: presidían la procesión entera  el citado Sr. Moyá,  el alcalde Sr. Bartolomé Amer y los demás miembros del ayuntamiento: por ultimo, cerraba la comitiva gran numero de personas pertenecientes al sexo devoto, todas vestidas de negro, como se acostumbra el día de Jueves Santo. Con este orden y cantando la letanía Jessu Rex mitis Jerusalén, se dirigió la procesión  al monte de Santa Lucia, y llegada a la primera de las capillas que constituyen el calvario, el antedicho Sr. Moyá entregó al citado señor Carvallo una de las  cruces  que llevaban los14 niños en el acto Adoramus te, Chirste , et  banedicimus tibi. El Sr. Carvallo puso aquella cruz en lo mas alto  de la capilla, y enseguida explico en breves palabras el pasaje de la Pasión que esta capilla representaba. Lo mismo se hizo en las demás capillas hasta que llego la procesión al oratorio de Santa Lucia; Y entonces  internos en él los que la componían, rezaron cinco Padrenuestro en veneración  de las Sacratisimas llagas de Nuestro Señor Jesucristo. Momentos después se ordeno la procesión de la misma manera con que había subido al monte , y de esta manera bajo del mismo  cantando la letanía luterana: al llegar a la iglesia de Mancor se canto el Te-Deum con las oraciones que prescribe el ritual, y con esto se puso fin a tan memorable acontecimiento.